Libres del temor a la muerte | Domingo 25 de abril, 2010 |
| Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—,y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14,15) | |
OTRO DE LOS TEMORES QUE EL MENSAJE de la justificación por la fe elimina de la vida del creyente, es el temor a la muerte. Los seres humanos instintivamente le tenemos temor a la muerte. Por más que se hallan inventado teorías sobre el estado de los muertos, a nadie le gusta morir. Quisieramos vivir para siempre. Salvo los que se encuentran en tal grado de sufrimiento que prefieren morir, normalmente el ser humano prefiere vivir. La biblia enseña que la muerte es el resultado del pecado. San Pablo dice: ¨Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la *humanidad, porque todos pecaron¨ (Rom 5:12). Como seres pecadores cosechamos la muerte. El pecado tiene su propio castigo: La separación de Dios, que es la aniquilación. El Señor es la norma del universo, la norma del orden. Lo que está contra Dios introduce desorden y caos. Donde reina el pecado reina la confusión. Estas cosas no pueden existir para siempre delante de él, es decir no pueden coexistir con Dios, porque es Todopoderoso y tiende a destruir lo que se le opone. El pecado, que es oposición a Dios, tiene asegurado su fin. Cuando el pecado termine, acabará la muerte. Cunado Dios justifica al pecador, soluciona el problema del pecado en la vida humana, y no estamos más en oposición a Dios. Estamos en armonía con él. Por lo tanto no cosechamos la muerte sino la vida. Por su muerte, Cristo ganó el derecho de dar vida a sus seguidores. Al estar con Cristo, no tenemos miedo a morir, porque con Cristo no hay muerte, sino vida. | |
Libres del temor a la muerte
Cobertura Completa
Cobertura Completa | Jueves 22 de abril, 2010 |
| ¿Dónde, pues, está la *jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál principio? ¿Por el de la observancia de la ley? No, sino por el de la fe (Rom 3:27) | |
EL MENSAJE DE LA JUSTIDICACION POR LA FE nos salva del perfeccionismo porque nos enseña que debemos confiar en Dios y no colocar nuestra confianza en lo que podemos hacer. Nos dice que nuestra justicia procede de Dios y que no es obra nuestra. Que cuando comenzamos la carrera cristiana, Dios nos declara justos por lo que Cristo hizo, no por ningún logro nuestro. El Señor no nos condena como pecadores, porque condenó a Jesús como pecador en nuestro lugar. Que ya no ve nuestro pecado sino la justicia de Cristo. La justificación por la fe nos dice que, ciertamente, para ser salvos debemos estar libres de pecado, debemos ser perfectos para estar en la presencia de Dios, pero esa perfección se alcanza solamente a través de los méritos de Cristo, quien fue perfecto a delante de Dios. La justificación por la fe nos dice que, ciertamente para estar en la presencia de Dios, debemos ser santos y limpios de corazón, pero que la única manera de serlo es a través de Jesús, quien fue santo y limpio. El mensaje de la justificación por la fe nos dice que no es suficiente haberle entregado la vida a Cristo una vez. Puesto que tenemos una naturaleza corrupta y contaminada por el mal, debemos depender constantemente de Cristo, pues somos débiles y necesitamos cada día su poder y fuerza. Que lo único que nos da seguridad es estar del lado de Cristo, y esto es una decisión que tenemos que hacer cada día. Reflexionemos: ¨¿Qué es la justificación por la fe? es la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre, y hace por el hombre lo que él no tiene la capacidad de hacer por si mismo¨ (Testimonios para los Ministros, p.464). | |
No hay excusa
No hay excusa | Miércoles 21 de abril, 2010 |
| Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas (Rom 2:1) | |
EL PROBLEMA DEL PERFECCIONISMO es que pretende que los seres humanos, puedan llegar a ser excelentes en este mundo, y hacen de esa posible perfección, el requerimiento para entrar en el reino de Dios. Luego el perfeccionista se convierte en juez de las personas que luchan y no obtienen la victoria. Dice: ¨el fracaso es el resultado de ser infiel a Dios¨. Esto trae frustración y desencanto al corazón de los sinceros cristianos, que luchan sin poder llegar al sentimiento de haberlo alcanzado. Les roba la paz en Cristo, la felicidad y el gozo de vivir. A la postre los convierte a una religión basada en el mérito, que sí es bancarrota espiritual. Por otro lado, rechazar el perfeccionismo no debe ser excusa para vivir en pecado. No es correcto decir: ¨Hagamos esto, al fin y al cabo, perfecto no hay nadie en el mundo¨. O decir: ¨Cometí este pecado, pero bueno, es que somos pecadores¨. Esgrimir nuestra condición caida para excusar el pecado es tan equivocado como el mismo perfeccionismo. Se nos dice: ¨Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, hereditarias o cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia¨ (Deseado de todas las Gentes, p.625). No hay excusa para pecar porque tenemos un poder infinito que está de nuestro lado. Pero mientras vivamos en este mundo de pecado, no podemos decir que ya hemos logrado vencer el mal. El que lo diga está engañado, y es un engañador. Notemos estas palabras: ¨No podemos decir: [yo no tengo pecado], hasta que este cuerpo vil sea cambiado y transformado a la semejanza de su cuerpo divino¨ (A fin de Conocerle, p.360). ¨Cuando termine el conflicto de la vida, cuando la armadura sea colocada a los pies de Jesús, cuando los santos de Dios sean glorificados, entonces, y solo entonces, será seguro afirmar que somos salvos y sin pecado¨ (Mensajes Selectos, t.3, p 406). | |
El segundo Adán
El segundo Adán | Martes 20 de abril, 2010 |
| Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir ( 1 Cor 15:22) | |
LA ESCRITURA DICE CON TODA CLARIDAD que Cristo no tenía pecado y que vivió sin pecado. Fue perfecto delante de Dios: ¨Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador¨ (2 Cor 5:21). ¨Nos convenía tener un sumo sacerdote así: santo, irreprochable, puro, apartado de los pecadores y exaltado sobre los cielos¨ (Heb 7:26). Se nos dice: ¨El Señor Jesús asumió la forma del hombre pecador, y revistió su divinidad con humanidad. Pero era santo, tal como Dios es santo. Si no hubiera sido sin mancha de pecado, no podría haber sido el salvador de la humanidad¨ (Cada día con Dios, 14 de diciembre). Por otro lado cuando Adán fue creado era perfecto e inmaculado. De él se dijo que fue creado a semejanza de Dios (Gen 1:26). Pero ya sabemos la triste historia de la humanidad. La raza humna llegó a tener una naturaleza corrompida por causa del pecado. Una inclinación hacia el mal que se transmite por las leyes de la herencia. Cuando Jesús se encarnó asumió las desventajas físicas de los descendientes de Adán, pero no su conciencia moral pecaminosa. La conciencia moral de Jesús no estaba contaminada por el mal. Eso quiere decir que Jesús no vino a ocupar nuestro lugar en lo que se refiere a naturaleza, sino a ocupar el lugar de Adán. Por lo tanto, Jesús no es nuestro ejemplo en cuanto a naturaleza moral. Nosotros no podemos ser sin pecado, porque ya tenemos una naturaleza que no podemos cambiar. Jesús es nuestro ideal de fidelidad. Dios nos ha dado su Espíritu para vencer el mal en nuestras vidas, pero esto es un proceso lento que no terminará hasta que estemos en el reino de Dios, cuando a través de la resurrección, el Señor desarraigue nuestra inclinación al mal para siempre. Mientras tanto tenemos que luchar con el mal en nuestra naturaleza, y aprender a depender de El en cada paso del camino. | |
Frustración o Racionalización
Frustración o Racionalización | Lunes 19 de abril, 2010 |
| Ya no hablaré más con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo. Él no tiene ningún dominio sobre mí (Jn 14:30). | |
EL PERFECCIONISMO DICE QUE ASI COMO CRISTO vivió un avida sin pecado, nosotros también debemos vivir así; y si no lo hacemos, no podremos entrar en el reino de los cielos. Al hacer esto, coloca sobre los seres humanos una carga que nadie ha podido llevar. El resultado es la frustración y el desencanto, por un lado, o la tergiversación y el autoengaño, por el otro. Los que aceptan el perfeccionismo, tratan de ser superiores y luchan a brazo partido para vivir sin tacha solo para darse cuenta que no pueden. Presa por la frustración y el desencanto por no alcanzar la norma que desean y juzgan necesaria, caen en la desesperación, y concluyen que se van a perder, que no podrán ser salvos. La vida cristiana se torna, entonces, en amargura e infelicidad. Otros, que son frágiles mentalmente como para soportar tal grado de frustración, se autoengañan y concluyen que ya han alcanzado la perfección y santidad. Creen que viven por encima de otros en este mundo, y aun sus actos, abiertamente pecaminosos, son racionalizados como actos de santidad. Las tragedias producidas por sectas como la de Davis Koresh, en nuestros tiempos y otras, como los de la ¨carne santificada¨, de tiempos de Elena G de White, nos hablan tristemente de esta actitud. Hay perfeccionistas que tergiversan la naturaleza humana de Jesús: Piensan que tenía propensión al pecado, lo que implica, teologicamente, que adoptó una naturaleza humana contamida por el mal. Deducen que Jesús es nuestro modelo porque no cometió pecado a pesar de su inclinación. Así también nosotros, seres caidos y propensos al mal, podemos alcanzar la victoria sobre el pecado y vivir sin pecar. Si Jesús lo hizo, nosotros también podemos, y esto se convierte en una condición para entrar en el reino de los cielos. ¿Es bíblica esta idea?. La analizaré mañana con más detenimiento. | |
Cristo: ¿Nuestro modelo en todo?
Cristo: ¿Nuestro modelo en todo? | Domingo 18 de abril, 2010 |
| Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado (Hebreos 4: 15). | |
| OTRA DE LAS PRETENSIONES DEL PERFECCIONISMO es que a causa de que Cristo vivió una vida perfecta y sin pecado, nos vino a enseñar que podemos y debemos vivir de la misma manera si queremos entrar en el reino de Dios. De hecho, de acuerdo al perfeccionismo, solo los que sean perfectos y se mantengan incontaminados como Cristo, podrán ser salvos en el día final. La realidad es que, aun cuando viviéramos sin cometer ningún pecado, cosa que nadie ha logrado, por el hecho de tener tendencias hacia el mal y una naturaleza corrupta, ya somos pecadores, y estamos necesitados de la gracia de Dios. No hay nadie que no sea pecador. El que pretenda lo contrario, se engaña a sí mismo y declara que Dios es mentiroso, ya que él ha dicho que todos somos pecadores (1 Juan 1: 8, 10). También estaríamos fuera de la gracia de Dios, porque Dios vino a buscar a los pecadores (Luc. 19: 10), y es a los pecadores a quienes se les atribuye justicia (Rom. 4: 5). Es verdad que Cristo es nuestro ejemplo a seguir, como dice Pedro: «Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos» (1 Ped. 2: 21), pero el texto se refiere a soportar el sufrimiento con paciencia. También Cristo nos dejó un ejemplo a seguir en lo que se refiere a la humildad: «Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes» (Juan 13: 15). En general, podríamos decir que Jesús fue un ejemplo a seguir en el carácter y la vida. Pero, ciertamente, no fue nuestro ejemplo, ni pretendió serlo, en lo que se refiere a su naturaleza. Él tenía una naturaleza humana no contaminada por el mal, nosotros tenemos una naturaleza humana con tendencias hacia el mal. El Señor no vino a decirnos que debemos ser sin pecado como él lo fue, porque no podemos serlo. Vino a rescatarnos del mal en el que caímos. | |
Justicia y perfeccionismo
Justicia y perfeccionismo | Sábado 17 de abril, 2010 |
| No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí (Filipenses 3: 12) | |
| OTRA IMPLICACIÓN QUE TIENE EL MENSAJE de la justificación por la fe es que nos protege del perfeccionismo. ¿Qué es el perfeccionismo? Es la doctrina que enseña que el ser humano tiene que ser perfecto si quiere entrar en el reino de Dios. El perfeccionismo ha sido un problema para la fe cristiana a través de los siglos. Durante los primeros siglos del cristianismo hubo grupos de cristianos que se retiraban a lugares desérticos y apartados, con el propósito de evitar la contaminación del mundo. Allí construyeron conventos donde practicaban ayunos rigurosos para mortificar las inclinaciones del cuerpo. Tenían la reputación de ser santos, y buscaban la perfección para ser dignos de entrar en el cielo. También en las filas adventistas se ha asomado el perfeccionismo, han surgido grupos que enseñan que es necesario vivir sin pecado en este mundo para poder aspirar al cielo. Pretenden apoyarse en las Esenturas y en el ejemplo personal de Jesús. Nos recuerdan que sin «la santidad [...] nadie verá al Señor» (Heb. 12: 14). Citan las palabras del Señor: «Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto» (Mat. 5: 48). Y también las palabras de Elena G. White: «Cuando el carácter de Cristo sea perfectamente reproducido en su pueblo, entonces vendrá él para reclamarlos como suyos» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 47). Se olvidan que la santidad bíblica y la perfección no significa perfección absoluta, sino madurez cristiana; y que el carácter de Cristo que se requiere, es su bondad hacia el necesitado y doliente. El perfeccionismo no está acreditado en la experiencia cristiana ni aprobado en las Escrituras. Ningún cristiano, apóstol o discípulo pretendió alguna vez ser perfecto, excepto Jesús de Nazaret. Si el perfeccionismo fuera correcto, nadie entraría en el reino de Dios, históricamente hablando. El perfeccionismo es un engaño de Satanás. El mensaje de la justicia de Cristo nos protege de caer en ese engaño, porque es la justicia de Cristo la que tenemos y recibimos, no la justicia que nosotros podamos lograr por nuestro esfuerzo personal. | |
Seguridad y confianza
Seguridad y confianza | Miércoles 7 de abril, 2010 |
| Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios (Efesios 2: 8) | |
| OTRA DE LAS IMPLICACIONES que tiene la justificación por la fe en la vida del creyente, es que le imparte confianza y seguridad en su experiencia cristiana. Hay muchos cristianos que se debaten en la inseguridad cuando se trata de la salvación personal. Cuando preguntamos a algunos de ellos si creen que van a ser salvos, sus respuestas reflejan inseguridad e incertidumbre. Unos dicen que no saben si lo serán, porque no quieren aparecer presuntuosos. Otros responden con vacilaciones, porque quieren mostrar humildad. Y hay otros que de plano no están seguros. Como la salvación se considera normalmente un asunto del futuro, es obvio que algunos no quieran anticipar nada. Lo que se nos olvida es que la salvación se puede expresar en tres tiempos: Fuimos salvados, somos salvos y seremos salvos. Para cada uno de ellos tenemos declaraciones bíblicas contundentes. Pablo dice: «Porque en esa esperanza fuimos salvados» (Rom. 8: 24). «Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia» (2 Tim. 1: 9). Es evidente que para el apóstol Pablo la salvación era un asunto del pasado. Cuando Cristo murió en la cruz nos redimió del mal y del pecado. Él pagó nuestra deuda. Dio el rescate de nuestra salvación. Fuimos salvados por la gracia de Dios. Estaba plenamente convencido de ese acto salvador que se vinculaba con la muerte de Cristo. Es muy importante que nosotros estemos convencidos también de ese hecho. El apóstol Pedro lo estaba: «Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto» (1 Ped. 1:18, 19). Ese hecho del pasado es extremadamente importante para darnos la seguridad que debemos tener en el presente. | |
Esclavos de Cristo
verdaderamente libres. Jn 8:36
Siervos Todavía
Libres al Fin
¿Cuál es el mérito?
¿Cuál es el mérito? | Jueves 25 de marzo, 2010 |
| Y si es por gracia, ya no es por obras; porque en tal caso la gracia ya no sería gracia (Romanos 11: 6) | |
| SE HA ESTUDIADO LA DINÁMICA de la justificación, es decir, cómo funciona en la vida práctica el hecho de ser justificados por Dios. Lo hicimos con el propósito de determinar cuál es la parte que los seres humanos deben desempeñar en el proceso. Porque, aunque la justificación se puede dar en un instante, hay un proceso mental que nos lleva a ella. Hemos visto que para alcanzar la justificación debemos tener convicción de pecado. Es decir, reconocer nuestra condición y nuestros actos pecaminosos. Vimos que no podríamos hacerlo si no fuera por el Espíritu Santo, que produce este convencimiento. Consideramos el asunto de la fe, y vimos que es un don de Dios que nos capacita para creer que Jesús nos puede ayudar. También vimos que junto con la convicción de pecado, viene la contrición, que es el dolor que se experimenta cuando nos damos cuenta de que hemos pecado contra Dios, esto también lo produce el Espíritu de Dios en el corazón humano. Luego consideramos que el Espíritu nos lleva al arrepentimiento; y que si no fuera por él, caeríamos en un arrepentimiento falso. Hablamos de la confesión, que es la obra divina que nos ayuda a emanciparnos del pecado y a solucionar el pernicioso complejo de culpa. Finalmente, discurrimos sobre el perdón y lo maravilloso que es tener a un Dios que perdona cualquier pecado, y nos limpia del mal. Allí, sin embargo, reñexionamos sobre el pecado que Dios no puede perdonar, y lo que eso significa en la experiencia humana. Al hacer esta síntesis, nos damos cuenta de que Dios es el que produce todo. Para que el ser humano pudiera ser redimido, Dios tenía que buscarlo; como el hombre no puede volver a Dios por sí solo, el Señor tiene que habilitarlo; como no tenía con qué pagar la deuda, Dios se la perdona. ¿Cuál es, entonces, nuestra responsabilidad? ¿Qué es lo que los seres humanos tenemos que hacer? Hay una sola cosa que tenemos que hacer: Aceptar lo que Dios nos da y rendir nuestra voluntad a él. | |
El arrepentimiento imposible
El arrepentimiento imposible | Martes 23 de marzo, 2010 |
| Cuando la tierra bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella, y produce una buena cosecha para los que la cultivan, recibe bendición de Dios. En cambio, cuando produce espinos y cardos, no vale nada; está a punto de ser maldecida, y acabará por ser quemada (Hebreos 6: 7, 8) | |
| EL PECADO IMPERDONABLE, también llamado pecado contra el Espíritu Santo, no es una acción contra el Espíritu, sino una serie de acciones que consiste en un rechazo constante del llamado que él hace a la conciencia; como es el desprecio del esfuerzo divino para despertar la conciencia de una persona y llamarla al arrepentimiento, no tiene perdón. Es, en realidad, una ofensa contra Dios, pero que se asocia con su Espíritu, porque es este el que guía y conduce a la salvación. En la Epístola a los Hebreos encontramos que este mismo pecado se menciona de un modo diferente, pero que nos puede ayudar a entender un poco mejor sus implicaciones: «Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado» (Heb. 6: 4-6). Aquí, el autor de Hebreos trata con un pecado del cual no hay arrepentimiento. Es similar al anterior en el sentido que quienes lo experimentan no sienten arrepentimiento. Pero se diferencian en que, en el primero, se rechaza al Espíritu que llama al arrepentimiento; en este se rechaza al Espíritu después de haber sido guiado al arrepentimiento. Es decir, este caso es un asunto de apostasía. La persona fue iluminada por el Espíritu Santo, saboreó el don celestial, fue guiada por el Espíritu de Dios, estudió y experimentó el poder de la Palabra de Dios y gozó los poderes del mundo venidero, pero después se apartó. Al hacer esto, crucificó de nuevo a Cristo, y lo expuso a la vergüenza pública. De acuerdo al texto, es imposible que los tales se arrepientan. Por lo tanto, tampoco hay perdón. | |
El pecado imperdonable
El pecado imperdonable | Lunes 22 de marzo, 2010 |
| Les aseguro que todos los pecados y blasfemias se les perdonarán a todos por igual, excepto a quien blasfeme contra el Espíritu Santo. Este no tendrá perdón jamás; es culpable de un pecado eterno (Marcos 3: 28, 29) | |
| EN MEDIO DE TODAS ESTAS PROMESAS de perdón y seguridad, resulta incomprensible, por lo menos para algunos, que haya un pecado que Dios no pueda perdonar. El Señor dijo lo siguiente: «Y todo el que pronuncie alguna palabra contra el Hijo del hombre será perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón» (Luc. 12: 10). ¿En qué consiste este pecado contra el Espíritu Santo que no puede ser perdonado por Dios? ¿No puede el Espíritu Santo llevar a una persona al arrepentimiento por haber hablado contra él? ¿Qué implica este pecado que un Dios perdonador no pueda perdonar? El contexto de la declaración del Señor en el Evangelio de Mateo es que los fariseos, que presenciaron la sanidad de un hombre que estaba endemoniado, dijeron que él expulsaba los demonios por el poder del principe de los demonios, no por el Espíritu Santo. Rechazaron la evidencia que se les dio, y rechazaron al Espíritu de Dios que los quería convencer del mesianismo de Jesús. Así que nos damos cuenta de que la blasfemia contra el Espíritu no es un acto pecaminoso, sino una actitud. Las personas, ante la evidencia que el Espíritu da, la rechazan y la atribuyen a Satanás. En eso consiste la blasfemia contra el Espíritu, en rechazar persistentemente el llamado del Espíritu Santo. ¿Puede Dios perdonar eso? No puede. Dios llama, pero no puede forzar a nadie. Dios invita, pero no puede obligar a que se acepte su invitación. Quienes rechacen persistentemente los llamados de la misericordia divina, finalmente se perderán. Dios, el Todopoderoso, ha decidido que no obligará a nadie a hacer algo contra su voluntad. Dios decidió darnos esa libertad, y la respetará hasta el fin. | |
El perdón
El perdón | Domingo 21 de marzo, 2010 |
| He disipado tus transgresiones como el rocío, y tus pecados como la bruma de la mañana. Vuelve a mí, que te he redimido (Isaías 44:22) | |
| LA CONFESIÓN SINCERA LLEVA FINALMENTE al perdón, que, es sinónimo de justificación. Como resultado de estos pasos anteriores, Dios ha prometido perdonarnos. Es recorfontante y animador saber que cuando vamos a Dios en busca de una solución para nuestro pecado, nos encontramos con un Dios perdonador. Por eso, el salmista se alegraba cuando decía: «Pero en ti se halla perdón» (Sal. 130: 4). No hay nada más devastador para el pecador, que llegar a la conclusión de que su pecado no tiene solución, y que Dios no puede perdonarlo. Si hay algo que resulta claro como el agua cristalina, es que el Dios de la Biblia se complace en el perdón El perdón divino es total y exige pocas condiciones. La Palabra de Dios nos asegura el perdón completo y absoluto de parte de Dios. El Señor usa algunas metáforas y analogías para asegurarnos que él se complace en el perdón de sus hijos. Dice el profeta: «¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo?» (Miq. 7: 18). «Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente» (Sal 103: 12). «Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados» (Isa. 43: 25). «Vengan, pongamos las cosas en claro —dice el Señor—. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!» (Isa. 1: 18). Por eso, resulta intrigante que haya personas que piensen que Dios no las puede perdonar. Sí, lo que resulta increíble es que Dios perdone todos nuestros pecados, no importando cuáles ni cuántos hayan sido. Alguien podría decir que es demasiado bueno para ser cierto. Pero eso es lo que la Biblia nos dice. A esto fue para lo que vino Jesús. El ángel dijo que le pondrían por nombre Jesús, «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mat. 1: 21). | |
La confesión al prójimo
La confesión al prójimo | Sábado 20 de marzo, 2010 |
| Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad (1 Juan 1: 9). | |
| LA CONFESIÓN DEL PECADO es solo un aspecto del plan de Dios para ayudar a solucionar el pecado y sus consecuencias en la vida humana. Frecuentemente, el pecado no es contra Dios solamente, sino que hay otras personas a quienes nuestras faltas pueden afectar. El plan divino de la confesión requiere, si ha de haber sanidad total, que se haga confesión, no solo a Dios, a quien ofende toda falta, sino también al prójimo. Esta es la razón por la que la Palabra de Dios nos dice: «Por eso, confiésense unos a otros sus pecados [...] para que sean sanados» (Sant. 5: 16). La confesión tiene en sí el poder de restaurar heridas. Es parte del plan divino que los seres humanos arreglen sus problemas unos con otros, a fin de hallar paz con el prójimo y con Dios. A veces es más fácil confesar a Dios nuestros pecados, que pedir perdón a quienes hemos ofendido. Hacer esto requiere humildad y valentía. Por eso, hay personas que evitan el encuentro con su prójimo al ir directamente a Dios. Pero el Señor sabe que eso no nos va a ayudar a solucionar plenamente el problema. Por eso recomendó: «Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcilíate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda» (Mat. 5: 23, 24). Dios no puede aceptar la confesión hecha a él si hemos pasado por alto a nuestro prójimo. La confesión tiene otro aspecto difícil que hace que muchas personas la quieran pasar por alto. Cuando la falta es privada, debe confesarse privadamente; pero cuando la falta es pública debe hacerse públicamente. Si hacer una confesión privada requiere humildad y valor, la confesión pública lo requiere en mayor grado. Esta es la razón por la que no escuchamos muchas confesiones públicas. | |
La confesión
La confesión | Viernes 19 de marzo, 2010 |
| Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón (Proverbios 28: 13) | |
| EL SIGUIENTE PASO EN EL PROCESO de la justificación es la confesión del pecado. Uno se pregunta: ¿Por qué es necesaria la confesión? ¿No sabe Dios todo acerca de mí, que todavía necesito hacer una confesión? Es probable que la confesión haya sido ideada por Dios para darnos sanidad mental y espiritual. El pecado y su convicción producen tal daño en la conciencia humana, que nos destruye interiormente. Dios ideó la confesión como paso fundamental para emanciparnos del complejo de culpa, y capacitarnos para vencer el mal que hay en nosotros. Para que la confesión cumpla estos propósitos, debe ser guiada por el Espíritu de Santo. Porque así como hay una confesión genuina, hay una que es falsa. La confesión arrancada a la fuerza, o la que se hace cuando hemos sido descubiertos y no tenemos otra alternativa, no es la confesión a la que nos guía el Espíritu de Dios. No tiene ningún valor sicoterapéutico, ni produce sanidad espiritual. En el antiguo santuario hebreo aparecen ya los elementos básicos de una confesión genuina. Leemos: «Si alguien resulta culpable de alguna de estas cosas, deberá reconocer que ha pecado y llevarle al Señor en sacrificio expiatorio por la culpa del pecado cometido, una hembra del rebaño, que podrá ser una oveja o una cabra. Así el sacerdote hará expiación por ese pecado» (Lev. 5: 5, 6). La confesión debe ser voluntaria, estar basada en un genuino reconocimiento de culpa, ser específica y aceptar la provisión de expiación hecha. El culpable confesaba su pecado poniendo sus manos sobre la víctima, y luego la degollaba para la expiación de su pecado. Después de esta ceremonia, el oferente regresaba a su casa con una conciencia libre de culpa. La confesión le daba higiene y sanidad mental. Cuando se hace una confesión precisa del pecado, ocurren varias cosas en la mente del individuo involucrado. Tiene que recordar lo que hizo, lo cual lo lleva a recordar hechos y circunstancias. Esto lo capacita para estar alerta la siguiente vez, y lo prepara para vencer. | |
Arrepentimiento genuino
Arrepentimiento genuino | Jueves 18 de marzo, 2010 |
| Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y limpíame de mi pecado (Salmo 51: 1, 2) | |
| EL HECHO DE QUE DIOS NOS GUÍE al arrepentimiento nos habla de la incapacidad de los seres humanos para regresar a Dios. Por nosotros mismos no somos capaces de producir las condiciones necesarias para arrepentimos. Dios, por su Espíritu, tiene que guiarnos; y si accedemos a esa guía, va a producir en nosotros el arrepentimiento que él quiere. Veíamos anteriormente que hay dos clases de arrepentimiento, el genuino y el falso. Dios quiere guiarnos al arrepentimiento genuino, que es el único que califica para que Dios nos acepte. Como nosotros no podemos arrepentimos por nuestra cuenta, cuando intentamos hacerlo caemos en un falso arrepentimiento, que Dios no aprueba. Eso fue lo que les pasó a algunas personas mencionadas en el relato bíblico. Forzaron un arrepentimiento sin la ayuda de Dios, y cayeron en el falso arrepentimiento. Dios es el único que capacita para el arrepentimiento verdadero. Lo que sucede es que Satanás es el maestro del engaño y la falsificación, y hace creer a ciertas personas que están arrepentidas, cuando no lo están realmente. Ya vimos que el falso arrepentimiento es una tristeza que se enfoca en la pena y el castigo, no en el pecado mismo. Por el contrario, el genuino arrepentimiento produce una tristeza por el pecado cometido, y le pide a Dios un nuevo corazón, es decir, una mente nueva. El ejemplo clásico de un arrepentimiento verdadero lo hayamos en la experiencia del rey David: «Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra ti he pecado, solo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable [...]. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu» (Sal. 51: 3, 4, 10, 11). «Efectuar un arrepentimiento como este, está más allá del alcance de nuestro propio poder; se obtiene solamente de Cristo» (E¡ camino a Cristo, p. 23). | |
Agobio por el pecado
Agobio por el pecado | Miércoles 17 de marzo, 2010 |
| Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca» (Mateo 4: 17) | |
| RESULTA INTERESANTE QUE, desde el punto de vista bíblico, Dios es el que produce el arrepentimiento. Veamos: «Por su poder, Dios lo exaltó como Príncipe y Salvador, para que diera a Israel arrepentimiento y perdón de pecados» (Hech. 5: 31). «Al oír esto, se apaciguaron y alabaron a Dios diciendo: "¡Así que también a los gentiles les ha concedido Dios el arrepentimiento para vida!"» (Hech. 11: 18). Debemos entender el lenguaje bíblico. El hecho de que Dios produzca el arrepentimiento, no quiere decir que él hace que los hombres se arrepientan aun contra su propia voluntad; como si Dios lo forzara. Si así fuera el caso, entonces Dios obligaría a las personas a arrepentirse, lo que evidentemente no es cierto, porque Dios respeta el libre albedrío que nos concedió en la creación. También esto vale para lo opuesto: nadie puede acusar a Dios de parcialidad por no haber provocado el arrepentimiento en su corazón. Lo que la Biblia quiere decir es que Dios guía al arrepentimiento. Notemos: «¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?» (Rom. 2: 4). Dios, en su infinita bondad, quiere guiar a todos al arrepentimiento. Como él no fuerza a los seres humanos, hay muchos que no desean arrepentirse. Dios quisiera que todos se arrepintieran, pero respeta la decisión de cada uno. Es en este contexto que los llamamientos divinos al arrepentimiento tienen razón de ser. Dios invita, pero no fuerza. Después de todo, la salvación es una oferta, no una imposición. Podemos oír su llamado, y aceptar o rechazar su invitación. El agente divino para guiarnos hacia el arrepentimiento es el Espíritu Santo. Es el representante de la divinidad que llama a nuestra conciencia al arrepentimiento. Es extremadamente importante no cerrar nuestra conciencia a su llamado insistente. | |
Arrepentimiento
Arrepentimiento | Martes 16 de marzo, 2010 |
| Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: «Esta vez reconozco mi pecado. El Señor ha actuado con justicia, mientras que yo y mi pueblo hemos actuado mal. No voy a detenerlos más tiempo; voy a dejarlos ir. Pero rueguen por mí al Señor» (Éxodo 9:27, 28). | |
| LA CONTRICIÓN CONDUCE AL ARREPENTIMIENTO. Este dolor y tristeza por haber pecado se hayan tan íntimamente unidos al arrepentimiento, que muchas veces se los considera como parte de él. Pero la palabra arrepentimiento en sí, tanto en su origen hebreo como griego, denota un cambio de rumbo, de actitud, de pensamiento. En la mentalidad hebrea, es cambiar de dirección, en la griega es cambiar de mentalidad. Ambas cosas están relacionadas, pero primero cambiamos de pensamiento, y luego decidimos ir por otro rumbo. Lo importante es que cambiar de opinión afecta las decisiones de la vida. La tristeza y el dolor por el pecado se relacionan estrechamente con el arrepentimiento; y así como hay dos clases de tristeza, hay dos clases de arrepentimiento: el genuino y el falso. La tristeza inducida por el Espíritu de Dios lleva al arrepentimiento genuino, mientras que la inducida por Satanás conduce al falso arrepentimiento. Ambos se parecen tanto, que solo Dios que conoce el corazón y los pensamientos puede saber cuál es cuál. En otras ocasiones, resulta evidente cuál es el genuino y cuál el falso, siguiendo el principio mencionado por el Señor de que por sus frutos los conoceréis. Tal es el caso de faraón en conexión con el éxodo israelita. En el relato bíblico, varias veces se presenta al faraón como una persona arrepentida. Hasta le pidió a Moisés que orara por él y reconoció su pecado de obstinación. Pero después de pensarlo mejor, cambiaba de opinión. Demostraba con ello que su arrepentimiento no era sincero. Sí, parecía que era una persona arrepentida, pero sus acciones posteriores revelaban lo contrario, porque el genuino arrepentimiento implica no solo cambio de parecer, sino también de conducta. Lo mismo sucedió con Balaam y con Judas. Parecían arrepentidos, pero no lo estaban. Satanás es el maestro de la falsificación. Lleva a las personas a creer que están arrepentidos, pero es un arrepentimiento falso de principio a fin. | |
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