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Defiende tus principios

martes 26 de enero de 2010

DEFIENDE TUS PRINCIPIOS

Si fueres flojo en el día del trabajo, tu fuerza será reducida. Prov. 24:10.

Muchos cristianos creen que hacen o dejan de hacer alguna cosa porque la iglesia regula su vida. ¿Hasta qué punto eso es verdad? El otro día me impresionó una declaración pública del futbolista “Kaká”. Un periodista le preguntó si era verdad que se mantendría virgen hasta el casamiento. “Kaká” respondió con una sonrisa. Es un principio de vida que él tiene en el corazón. “No me avergüenzo de eso”, dijo.

Trabajé muchos años como consejero de jóvenes y descubrí que la mayoría de ellos cae en los vicios y comienza a andar por caminos de marginalidad, por miedo a ser diferentes. Quieren formar parte del grupo. Si el grupo comete una locura, ellos sacrifican sus principios. Porque no quieren que el grupo los aísle.

Salomón declara hoy: “Si fueres flojo en el día del trabajo, tu fuerza será reducida”. Los valores son probados bajo presión. Es fácil defender Los principios cuando todos a tu alrededor lo hacen. En cierta forma, tú te conduces del modo que todos esperan que lo hagas, para sentirte parte del grupo.

Pero, ¿qué sucede cuando tú descubres que estás en medio de personas que piensan y obran de manera diferente? ¿Y si todos usan drogas, o si son deshonestos? El oro es acrisolado en fuego. Los valores son probados en las crisis.

La enseñanza bíblica no te desafia a sacar fuerzas de tu interior para resistir el mal, sino a mirar a Cristo para recibir fuerzas de lo alto, a fin de mantener y vivir lo que tú crees.

No temas ser diferente. No te sientas culpable. No permitas que los otros te impidan volar. Pero, prepárate. Cuando vuelas como águila, atraes a los cazadores. Y ellos están por todas partes dispuestos a derribarte.

Atrévete a mirar el azul infinito de los principios eternos. Abre tus alas y vuela. Arriésgate. Es mejor arriesgarse hoy en defensa de tus principios, que vivir toda la vida con miedo, tratando de agradar a todo el mundo.

Antes de salir hoy de tu casa, repítete a ti mismo: “Si fueres flojo en el día del trabajo, tu fuerza será reducida”.

Pr. Alejandro Bullón

Condicionalidad

Condicionalidad

Jueves 21 de enero 2010

“ Y les dijo:” Venid en pos de mí y os haré pes cadores de hombres” Mateo 419

Muchas veces se ha presentado la relación de Dios con el hombre como una relación libre de condiciones. Sí, es verdad que él nos ama con un amor eterno, que ha entregado a su Hijo unigénito para nuestra sal vació y que podemos llegar a él con toda confianza, sabiendo que siempre está dispuesto a recibir al pecador. Pero también es cierto que nuestro Dios tiene estrictas condiciones para la relación con éL Para empezar, nadie puede llegar al Padre sino por medio de Jesucristo. Si confesamos nuestros pecados y nos apartamos, él es fiel y justo para perdonar.

No es que no haya condiciones, sino más bien que las condiciones son tan básicas y fáciles de alcanzar que no hay razón para no alcanzarlas. Dios no nos pide nada imposible. Él ha logrado todo lo imposible para que todo lo que tenemos que hacer sea aceptar, venir y disfrutar.

Es el gran anhelo de Dios que sus hijos sean pescadores de hombres, pero la condición es “venir en pos de mí': La ganancia de almas es una indicación clara de que la primera condición se cumplió: un deseo ferviente de seguir al Señor. No se puede guiar a otros cuando nosotros no seguimos. Cuando hay un conocimiento profundo y un anhelo ferviente de seguir a nuestro Salvador, él nos puede ayudar a llevar a otros a él.

La realidad, sin embargo, va más allá. Si el Señor pudo abrir la boca de un asno para que testificara para él, bien puede hacer que, de forma excepcional, personas no del todo consagradas puedan ganar almas. Debemos siempre recordar que él puede usar las peores condiciones y siempre lograr que su nombre sea glorificado. La gran verdad es que una vida consagrada será identificada con un deseo ferviente de decirle al mundo que él es nuestro Señor y Dios.

La testificación ideal es una vida que refleje los valores de Dios, una vida que procure que los demás se den cuenta de que somos diferentes. Testificar para el Señor es decidir cada día no comprometernos con las cosas del mundo, sino estar dispuestos a destacamos por el mero hecho de seguir a Cristo. La condición es la disposición a seguirlo en todo momento. Que nuestro día hoy pueda estar lleno de momentos de reflexión sobre la gran verdad de que somos cartas abiertas. Que nuestro pensar y actuar traiga gloria a nuestro Dios.

Levítico 5:1-7:38; Mateo 3:1-4:25

Pr. Israel Leito

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