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La certeza de la vida

La certeza de la vida

Lunes 26 de abril, 2010


El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.

OTRA DE LAS CONSECUENCIAS DE HABER sido justificados por la fe es que tenemos la seguridad de la vida eterna. Pablo nos dice: ¨Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna¨(Rom. 6:22). La vida eterna es el propósito último de la justificación, ya que nos brinda lo oportunidad de convivir con Dios. Así que no solo no tenemos miedo a lamuerte, sino que tenemos la certeza de la vida eterna. Vida que se mide al lado de Jesucristo. El hijo de Dios tiene tal certeza de obtener la vida eterna, que en labios del Señor, se empieza a vivir aquí y ahora. Notemos sus palabras: ¨Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna¨ (Juan 6:47). ¨Entonces Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera;y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás¨(Juan 11:25,26). El apostol Juan tenía ese convencimiento: ¨Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el *Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida¨ (Juan 20:31). ¨Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna¨ (1 Juan 5:13). Por cierto la vida que Cristo nos da, comienza en el momento de aceptarlo, aquí, ahora. La resurrección garantizará esta vida por la eternidad. Cuando una persona acepta a Cristo como salvador personal, empieza a gozar por anticipado la vida futura, porque es Dios que la promete, y él no miente. Por lo tanto, hay seguridad y confianza. El cristiano empieza a saborear la vida eterna desde ahora, mientras vive en este mundo. La garantía viene a través de su fe en Cristo.


Libres del temor a la muerte

Libres del temor a la muerte

Domingo 25 de abril, 2010


Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—,y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14,15)

OTRO DE LOS TEMORES QUE EL MENSAJE de la justificación por la fe elimina de la vida del creyente, es el temor a la muerte. Los seres humanos instintivamente le tenemos temor a la muerte. Por más que se hallan inventado teorías sobre el estado de los muertos, a nadie le gusta morir. Quisieramos vivir para siempre. Salvo los que se encuentran en tal grado de sufrimiento que prefieren morir, normalmente el ser humano prefiere vivir. La biblia enseña que la muerte es el resultado del pecado. San Pablo dice: ¨Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la *humanidad, porque todos pecaron¨ (Rom 5:12). Como seres pecadores cosechamos la muerte. El pecado tiene su propio castigo: La separación de Dios, que es la aniquilación. El Señor es la norma del universo, la norma del orden. Lo que está contra Dios introduce desorden y caos. Donde reina el pecado reina la confusión. Estas cosas no pueden existir para siempre delante de él, es decir no pueden coexistir con Dios, porque es Todopoderoso y tiende a destruir lo que se le opone. El pecado, que es oposición a Dios, tiene asegurado su fin. Cuando el pecado termine, acabará la muerte. Cunado Dios justifica al pecador, soluciona el problema del pecado en la vida humana, y no estamos más en oposición a Dios. Estamos en armonía con él. Por lo tanto no cosechamos la muerte sino la vida. Por su muerte, Cristo ganó el derecho de dar vida a sus seguidores. Al estar con Cristo, no tenemos miedo a morir, porque con Cristo no hay muerte, sino vida.


No hay excusa

No hay excusa

Miércoles 21 de abril, 2010


Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas (Rom 2:1)

EL PROBLEMA DEL PERFECCIONISMO es que pretende que los seres humanos, puedan llegar a ser excelentes en este mundo, y hacen de esa posible perfección, el requerimiento para entrar en el reino de Dios. Luego el perfeccionista se convierte en juez de las personas que luchan y no obtienen la victoria. Dice: ¨el fracaso es el resultado de ser infiel a Dios¨. Esto trae frustración y desencanto al corazón de los sinceros cristianos, que luchan sin poder llegar al sentimiento de haberlo alcanzado. Les roba la paz en Cristo, la felicidad y el gozo de vivir. A la postre los convierte a una religión basada en el mérito, que sí es bancarrota espiritual. Por otro lado, rechazar el perfeccionismo no debe ser excusa para vivir en pecado. No es correcto decir: ¨Hagamos esto, al fin y al cabo, perfecto no hay nadie en el mundo¨. O decir: ¨Cometí este pecado, pero bueno, es que somos pecadores¨. Esgrimir nuestra condición caida para excusar el pecado es tan equivocado como el mismo perfeccionismo. Se nos dice: ¨Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, hereditarias o cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia¨ (Deseado de todas las Gentes, p.625). No hay excusa para pecar porque tenemos un poder infinito que está de nuestro lado. Pero mientras vivamos en este mundo de pecado, no podemos decir que ya hemos logrado vencer el mal. El que lo diga está engañado, y es un engañador. Notemos estas palabras: ¨No podemos decir: [yo no tengo pecado], hasta que este cuerpo vil sea cambiado y transformado a la semejanza de su cuerpo divino¨ (A fin de Conocerle, p.360). ¨Cuando termine el conflicto de la vida, cuando la armadura sea colocada a los pies de Jesús, cuando los santos de Dios sean glorificados, entonces, y solo entonces, será seguro afirmar que somos salvos y sin pecado¨ (Mensajes Selectos, t.3, p 406).


Frustración o Racionalización

Frustración o Racionalización

Lunes 19 de abril, 2010


Ya no hablaré más con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo. Él no tiene ningún dominio sobre mí (Jn 14:30).

EL PERFECCIONISMO DICE QUE ASI COMO CRISTO vivió un avida sin pecado, nosotros también debemos vivir así; y si no lo hacemos, no podremos entrar en el reino de los cielos. Al hacer esto, coloca sobre los seres humanos una carga que nadie ha podido llevar. El resultado es la frustración y el desencanto, por un lado, o la tergiversación y el autoengaño, por el otro. Los que aceptan el perfeccionismo, tratan de ser superiores y luchan a brazo partido para vivir sin tacha solo para darse cuenta que no pueden. Presa por la frustración y el desencanto por no alcanzar la norma que desean y juzgan necesaria, caen en la desesperación, y concluyen que se van a perder, que no podrán ser salvos. La vida cristiana se torna, entonces, en amargura e infelicidad. Otros, que son frágiles mentalmente como para soportar tal grado de frustración, se autoengañan y concluyen que ya han alcanzado la perfección y santidad. Creen que viven por encima de otros en este mundo, y aun sus actos, abiertamente pecaminosos, son racionalizados como actos de santidad. Las tragedias producidas por sectas como la de Davis Koresh, en nuestros tiempos y otras, como los de la ¨carne santificada¨, de tiempos de Elena G de White, nos hablan tristemente de esta actitud. Hay perfeccionistas que tergiversan la naturaleza humana de Jesús: Piensan que tenía propensión al pecado, lo que implica, teologicamente, que adoptó una naturaleza humana contamida por el mal. Deducen que Jesús es nuestro modelo porque no cometió pecado a pesar de su inclinación. Así también nosotros, seres caidos y propensos al mal, podemos alcanzar la victoria sobre el pecado y vivir sin pecar. Si Jesús lo hizo, nosotros también podemos, y esto se convierte en una condición para entrar en el reino de los cielos. ¿Es bíblica esta idea?. La analizaré mañana con más detenimiento.



Salvación futura

Salvación futura

Viernes 9 de abril, 2010


El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, ¡unto con él, todas las cosas? (Romanos 8: 32)

LA BIBLIA deja claro que la salvación debe ser \ista como actual, no solo como algo del pasado. La vida cristiana debe ser una vida que rebose de gozo y alegría. Pero el gozo y la felicidad se evaporan ante la inseguridad presente con respecto a la salvación. Esta falta de seguridad trae como resultado inseguridad en el futuro. Muchos cristianos se sienten inseguros con respecto a su salvación futura. Esta inseguridad y falta de confianza hacen que vivan carentes del gozo y la alegría que deben caracterizar la fe. Pero no debiera ser así. Si fuimos salvados por Cristo, quien pagó el precio de nuestra redención, si hemos creído en él y hemos sido rescatados del mal, no debemos tener dudas con respecto al futuro. El porvenir debiera ser visto por el cristiano con certeza y confianza. El aspecto futuro de la salvación es tan importante como lo son el presente y el pasado. Es el futuro el que concreta lo obtenido en el pasado y el presente. Por eso, el énfasis bíblico cae mayormente en este aspecto futuro de la salvación, y de la seguridad que debemos tener: «Y ahora que hemos sido justificados por su sangre, ¡con cuánta más razón, por medio de él, seremos salvados del castigo de Dios!» (Rom. 5: 9). «Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!» (vers. 10). La salvación futura se conecta con el pasado y el presente. Como Cristo nos reconcilió con su muerte, y somos justificados por tener fe en ese acto redentor, entonces no tenemos por qué tener desconfianza de nuestra salvación futura, ni navegar en la inseguridad respecto de ella. La expresión paulina «con cuánta más razón», es sencillamente extraordinaria. Refleja la seguridad que Pablo tenía y que deseaba que los cristianos tuvieran. No tenemos por qué estar inseguros de nuestra salvación presente y futura.

Salvación presente

Salvación presente

Jueves 8 de abril, 2010


Más bien, mientras dure ese «hoy», anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado (Hebreos 3: 13)

EL RECONOCIMIENTO de que fuimos salvos en el pasado es muy importante para darnos seguridad y confianza en el presente. La redención cnstiana del presente se finca en el pasado. Mientras más firme sea ese pasado, más seguro será el presente. Pero, si fuimos salvos en el pasado, ¿lo somos hoy? Muchos hacen una distinción entre el pasado y el presente cuando se refieren a la salvación. Sí, Cristo vino y me salvó, dicen, pero no estoy seguro de si hoy soy salvo. Muchos creen firmemente en una salvación pasada, pero no tanto en una salvación presente. Su experiencia cristiana actual está llena de inseguridad, por la razón que sea. No ven la relación entre una salvación pasada y una presente. Es muy importante tener seguridad en el presente, porque esta es la base de nuestra seguridad en el futuro. El cristiano debe estar seguro de que hoy es salvo. Notemos estas declaraciones bíblicas: «Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios» (1 Cor. 1: 18). «Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos» (Hech. 2: 47). La salvación también es un asunto del presente. Cuando aceptamos a Cristo somos salvados. Cristo nos salva hoy. Su muerte en el pasado le dio la garantía para salvar a todos los que crean en él. Eso ha sido siempre, hasta el día de hoy. Nosotros "somos" salvos tanto como "fuimos" salvos. El presente no se puede separar del pasado, ni el pasado del presente cuando hablamos de salvación. Somos salvos porque él nos salvó. Pero lo más importante es que, cuando nos reconocemos como personas salvas por la gracia de Dios, cuando no tenemos dudas al respecto, nuestra vida se llena de gozo y felicidad. Una vida alegre es una vida digna de ser vivida. Por eso, el cristiano debe ser una persona alegre y feliz: Porque es salvo en Cristo.

Paz interior

Paz interior

Domingo 4 de abril, 2010


En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos. Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte (Colosenses 1: 21, 22)

OTRA DE LAS IMPLICACIONES QUE LA JUSTIFICACIÓN tiene en la vida del creyente, es que este tiene conciencia íntima de estar reconciliado con Dios. Antes vivíamos una vida de enemistad con el Señor; era nuestro enemigo. Ahora estamos en paz con él. Dios es nuestro amigo; y más que eso, es nuestro Padre que nos ama y cuida. La paz con él es uno de los resultados de la justificación: «En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Rom. 5: 1). Esta paz significa reconciliación: «Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo» (2 Cor. 5: 18). «En Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo» (vers. 19). Como resultado de esta reconciliación con el Señor, no solo estamos en paz con él, sino que estamos en paz con nosotros mismos. Los sentimientos de culpabilidad ya no nos aquejan. Los complejos de diversa naturaleza quedan atrás. Ya no nos sentimos ni el centro del universo ni gusanos miserables. Sin embargo, sabemos que tenemos gran valor para Dios, porque dio a su Hijo para redimirnos. Somos hijos del Rey del universo, los hijos de los reyes de este mundo no nos inquietan ni son nuestro ejemplo. La Estrella de la mañana ha amanecido en nuestro corazón, las así llamadas estrellas de este mundo no nos deslumhran. No nos sentimos grandes delante de los pequeños, ni pequeños delante de los grandes. No envidiamos a los ricos, porque somos herederos y coherederos con Cristo. Tenemos paz interior. Esto hace que la vida del cristiano sea una vida de contentamiento personal. El cristiano no envidia la suerte de otros, ni pretende tener lo que otros poseen. Conocer a Cristo es gran ganancia: «Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero solo si uno está satisfecho con lo que tiene» (1 Tim. 6: 6).

La Vida del Espíritu

La Vida del Espíritu
Sábado 3 de abril, 2010
Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Rom 8:12,13
EL CREYENTE ES UNA PERSONA NUEVA, liberada por Cristo para vivir una vida diferente, es legítimo que se pregunte: ¿cómo debe ser la vida de una persona redimida? ¿cómo debe vivir el que es un hijo de Dios? ¿cómo una persona que ha sido controlada por el mal, puede vivir una vida nueva en total oposición a la vida antigua que llevaba? ¿cómo es eso posible? De acuerdo al apóstol Pablo, el creyente vive la vida del Espíritu. Es una vida caracterizada por la presencia del Espíritu Santo y controlada por él. Notemos: ¨En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la *naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu¨ Rom 8:3,4. ¨Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu¨ (vers 5). ¨Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios¨ ( vers 8). ¨Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo¨ (vers 9). ¨Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios¨ (vers 14). Dios envía su Espíritu no solo para iniciar el proceso de la salvación en las personas, sino también con el propósito de capacitarlas para vivr una vida en armonía con el carácter de Cristo. Fijémonos en estas interesantes palabras: ¨Por el Espíritu llega a ser el creyente partícipe de la naturaleza divina. Cristo a dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, hereditarias y cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia¨ (El Deseado de todas las gentes, Pág 625).

Esclavos de Cristo

Esclavos de Cristo
Jueves 1 de abril, 2010

Así que si el Hijo los libera, serán ustedes
verdaderamente libres
. Jn 8:36

PARA MOSTRAR EL HECHO de que somos hijos de Dios y libres del poder del mal, el apóstol Pablo usa dos ilustraciones que eran muy importantes en sus días, aunque no tanto en los nuestros. En primer lugar, Pablo enseña la nueva vida que el cristiano vive bajo la gracia de Dios por medio de la liberación de la esclavitud. Esta casi desconocida en nuestros días como institución social, era el fundamento económico del Imperio Romano en tiempos de Pablo. Pagar a las personas para que trabajaran, no era muy común en aquellos días. Lo usual era tener esclavos que hicieran gratis los trabajos que estaban debajo de la dignidad de un ciudadano. En aquel mundo había dos clases de personas: Los libres y los esclavos. Había leyes estrictas que regían la vida de los siervos. Estos estaban a la entera disposición de sus amos. Aun sus vidas estaban en manos de ellos.Les debían obediencia incondicional, y fuertes castigos aguardaban a los desobedientes. El esclavo no tenía pensamiento propio, era regido por las órdenes de su amo. En un sentido real, el pecado presente en nuestra naturaleza carnal, era nuestro amo. Le debíamos obediencia. Se enseñoreaba de nosotros. No podíamos hacer otra cosa que seguir sus órdenes. Pero cuando conocimos el evangelio, supimos que había alguien que nos podía emancipar de esa esclavitud terrible. ¨Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia¨. (Rom 6:17, 18). Según las leyes romanas, los esclavos podían alcanzar la liberación de dos maneras: mediante la voluntad del propio amo o que alguien pagara el precio de su liberación. Cristo pagó el precio de nuestra libertad, y ya no somos siervos del pecado. Nuestro nuevo amo es Cristo. A él es a quien debemos obedecer.

Siervos Todavía

Siervos Todavía
Martes 30 de marzo, 2010
Porque de la manera que presentasteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad, así ahora presentad vuestros miembros como esclavos a la justicia, para santificación. Rom 6:19

EL HECHO DE SER LIBERADOS del poder pecado, no significa que nunca más vamos a cometer una falta o caer en un pecado. La liberación es del dominio del mal en la vida, no de la posibilidad de pecar. Notemos las palabras del apóstol Pablo: ¨Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias¨ (vers 12). Antes de conocer a Cristo pensábamos que lo normal era ser como éramos. Vivir como vivíamos era para nosotros el modo común y natural de vivir. Pensábamos que lo que hacíamos era lo normal. Pero al relacionarnos con Cristo, cambia nuestra manera de ver las cosas. Ahora vemos que hay otra manera de vivir; otra manera de ser. Se abre delante de nosotros la posibilidad de vivir una vida diferente. Ya el pecado no se apodera de nuestra vida; no reina más, ni somos más sus súbditos leales ante quien tenemos que inclinarnos en obediencia ciega. Ese dominio se rompió. Cristo lo eliminó. Pero esta liberación del pecado trae un nuevo estatus y condición. Antes éramos esclavos de Satanás; ahora somos esclavos de Cristo. Antes éramos siervos del pecado; ahora somos sirvos de la justicia. Pablo lo ilustra bien: ¨y habiendo sido libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia¨ (Rom 6:18). En el mundo solo existen dos poderes: el bien y el mal. existen solo dos señoríos: el de Cristo y el de Satanás. No hay terrenos medios, ni medias aguas. No hay neutralidad. Cuando Cristo nos libera llegamos a ser de él. Al llegar a ser suyos, el dominio del mal se rompe, y ahora somos aliados de la justicia. Ese es el indicativo: somos libres del mal, y por ese mismo hecho, ahora somos siervos de la justicia. Ya no tenemos que vivir a la manera antigua. De allí viene el imperativo: vivamos como se vive la vida en Cristo.

Libres al Fin

Libres al Fin
Lunes 29 de marzo, 2010
Pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia. (Rom 5:20)

UNA DE LAS PRIMERAS COSAS que trae a nuestra vida la relación con Cristo, es un cambio de perspectiva. Cuando hemos recibido la declaración de imputación de la justicia de Cristo, comenzamos a experimentar un nuevo enfoque de nuestra vida. Dice el apóstol: ¨¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida¨ Rom 6: 2-4 Es claro que cuando una persona acepta a Cristo, lo acepta para que gobierne su vida. Así que lo primero que Cristo hace por el justificado, es inducirlo a vivir una vida distinta. Una vida guiada por Dios, libre de la esclavitud de nuestra vida pasada. Sigue diciendo el apóstol: ¨sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con El , para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado¨ (ver 6). Se abre delante de nosotros una nueva perspectiva de vida; ya no tenemos que ser esclavos de nuestros vicios y pasiones. Ese yugo ha sido roto. Las cadenas del pecado han sido destruidas. hemos sido emancipados por Cristo para vivir una vida distinta a la que vivíamos antes. La razón básica que sustenta esta nueva manera de ver las cosas, es que Cristo nos ha liberado de las garras del mal. Es como si hubiesemos muerto al pecado: ¨Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús¨ (ver 11). Lo interesante de esto es que cuando Cristo nos libera de las garras del mal, nos da una nueva perspectiva de las cosas; tenemos una nueva cosmovisión. Abre delante de nosotros un nuevo camino. El panorama de nuestra vida se transforma. Estamos en contacto con un Cristo viviente que influye en nuestra vida para bien.

Ejemplos de contrición

Ejemplos de contrición

Sábado 13 de marzo, 2010

Por eso los fíeles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán (Salmo 32: 6)

CUANDO LA PERSONA angustiada por su pecado está bajo la influencia divina, descansa en Dios. Cuando está bajo la influencia del poder de las tinieblas, puede descontrolarse y terminar en el suicidio y la muerte. Estos dos casos se ilustran vividamente en las Escrituras. En el primero, tenemos la experiencia por la que pasó el apóstol Pedro. Él amaba entrañablemente a Jesús, y estaba dispuesto aun a entregar su vida por él. Pero como muchas personas en el mundo, no tenía un concepto claro de sí mismo. Creía que se conocía bien, y pensaba que estaría dispuesto a todo para seguir a Jesús. Pero estaba equivocado. Cuando el Señor, tratando de protegerlo, le reveló un aspecto oculto de su personalidad, no lo aceptó. Jesús le dijo: «Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo» (Luc. 22: 31). Simón replicó: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte» (vers. 33). Jesús, trató de convencerlo, le contestó: «Pedro, te digo que hoy mismo, antes de que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces» (vers. 34). Pero Pedro era porfiado. Lo que no sabía era que, aunque no se intimidaba ante la muerte, le tenía un horrendo miedo al ridículo y al escarnio. Esto lo llevó a negar que conociera a Jesús. Cuando se dio cuenta de quién realmente era, su enorme pecado lo agobió y salió corriendo del lugar. Reflexionó en la ignorancia y terquedad que lo llevaron a cometer tan vil pecado. Pensó en el amor de su Maestro, que trataba de librarlo del mal, y el Espíritu de Dios lo llevó de vuelta a Cristo y a la vida. Así nos sucede a muchos. Necesitamos pasar por una experiencia traumática de dolor y tristeza espirituales para darnos cuenta de lo que somos. Con la ayuda del Espíritu, podemos reencauzar nuestra vida hacia Dios. Como Pedro, algunas veces tenemos que llorar amargamente por haber hecho algo que ofendió al Dios que nos ama. Ese Dios está todavía allí para ayudarnos a hallar descanso.

El único camino

El único camino

Sábado 20 de febrero, 2010

Separados de mí no pueden ustedes hacer nada (Juan 15: 5).

LA FE QUE SALVA debe dirigirse hacia una persona, es decir, la fe es una condición que implica una relación personal con Cristo. Uno puede creer en muchas cosas o personas, pero para alcanzar la justificación delante de Dios hay que tener fe en Jesús. Esto está en armonía con las enseñanzas de Cristo registradas en los evangelios. Él dijo: «Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo» (Juan 10: 9). Es interesante que Jesús no dijo que él era "una" de muchas puertas que conducen al redil de Dios y a la salvación. Dijo que era "la puerta". Es obvio que para él no hay tantas puertas, no hay tantas maneras de llegar a Dios y de salvarse. Si queremos ser salvos tenemos que entrar por esa puerta, que es él; es decir, tenemos que creer en él. Cristo también hizo otra declaración impresionante: «Yo soy el camino, la verdad y la vida [...]. Nadie llega al Padre sino por mí» (Juan 14:6). También es importante notar que Jesús no dijo que era un camino para llegar a Dios. Para él no había muchos caminos para llegar al Padre. Dijo que había uno solo, y que él era ese camino. También dijo que era la verdad. Vino a revelar el plan de la salvación que incluía su muerte para redimir al hombre. Y también dijo que era la vida. Es decir, la vida eterna, que hay solo una. Para hallar el camino de regreso a Dios, tenemos que creer en Jesús. No hay otra fórmula. Los seres humanos han inventado muchos caminos para llegar a Dios, muchas maneras de salvarse. Llámese Buda, Confucio, Lao Tsé, Mahoma, Krishna, etcétera, todos son caminos falsos que no llevan al Dios verdadero. Pedro lo dijo con claridad meridiana: «De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos» (Hech. 4: 12).

Fe en una persona

Fe en una persona

Jueves 18 de febrero, 2010

No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe (Filipenses 3: 9)

EL APÓSTOL Pablo va clarificando cada vez más lo que quiere decir con sus declaraciones contundentes de que la justificación se obtiene por fe. Ahora leeremos algunos pasajes que explican claramente lo que significa tener una fe que justifica. Notemos: «Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen» (Rom. 3: 22). Finalmente llegamos a lo que Pablo quiere decir. Él no está hablando de fe en general. Él habla de una fe que se dirige a una persona, Jesucristo. No se trata de tener fe en algo, sino en alguien. No es fe en un conjunto de doctrinas, sino fe en una persona. No es fe en una iglesia, sino en un individuo. Pero, ¿qué significa creer en una persona? ¿Qué implica creer en la persona de Cristo? Veamos un pasaje más: «Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia» (Rom. 3: 25). Creer en Cristo significa creer en su sangre. Sangre es sinónimo de vida: perderla, es perder la vida. Entonces, no es solo creer en una persona, sino creer en lo que esa persona hizo, es decir, que derramó su sangre, entregó su vida como un sacrificio. Este sacrificio fue una expiación o propiciación. Debe entenderse, expiación por el pecado, por mis pecados. Debo tener fe que el sacrificio de Cristo fue por mis pecados. Si no tengo fe en eso, no hay justificación. En nuestro texto de hoy se revela que hay una justicia que se puede obtener, y que está basada en lo que hacemos, es decir, en el mérito propio. Es la justicia propia, que no sirve para justificarse ante Dios. La justicia verdadera es la que se obtiene mediante la fe en Cristo. El mérito es de Cristo, no de nosotros. No podemos hacer nada meritorio delante de Dios. Lo único que podemos hacer para alcanzar la justificación divina es creer en lo que Cristo hizo en nuestro favor. Esa es la justicia basada en la fe.

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